ZACARIAS 4:8-14 NTV
8 Después recibí otro mensaje del Señor: 9 «Zorobabel es quien colocó los cimientos de este templo y él los terminará. Así ustedes sabrán que el Señor de los Ejércitos Celestiales me envió. 10 No menosprecien estos modestos comienzos, pues el Señor se alegrará cuando vea que el trabajo se inicia y que la plomada está en las manos de Zorobabel».
(Las siete lámparas[b] representan los ojos del Señor que recorren toda la tierra).
11 Entonces le pregunté al ángel:
—¿Qué son esos dos olivos a cada lado del candelabro 12 y las dos ramas de olivo que vierten aceite dorado por dos tubos de oro?
13 —¿No lo sabes?—preguntó.
—No, mi señor—respondí.
14 Entonces él me dijo:
—Representan a los dos ungidos[c] que están de pie en la corte del Señor de toda la tierra.
Estimado lector
Dios le asegura a Zorobabel que las mismas manos que comenzaron la reconstrucción del templo también terminarían la obra. Esta declaración revela una verdad poderosa: muchas veces las personas no dudan de que Dios cumplirá Sus promesas, sino de si tendrán la oportunidad de presenciar su cumplimiento. Sin embargo, en este pasaje, Dios no solamente confirma que la obra será terminada, sino que Zorobabel mismo verá aquello que comenzó llegar a su culminación. Cuando Dios encomienda una obra, también tiene el poder para sostener a quienes ha llamado hasta completar Su propósito.
Aunque el proyecto parecía pequeño comparado con la gloria del templo anterior, el Señor les recuerda que no deben menospreciar los comienzos humildes. Dios no solo se glorifica en los grandes resultados, sino que también se alegra al ver los primeros pasos de obediencia.
Muchas veces las personas desean resultados inmediatos y grandes manifestaciones, olvidando que Dios también trabaja en los procesos silenciosos. Una pequeña decisión de obediencia, un paso de fe o un comienzo aparentemente insignificante pueden formar parte de algo mucho mayor.
Por esta razón, comparar los procesos propios con los de los demás puede llevar a menospreciar lo que Dios está haciendo. Cada persona tiene un propósito, un tiempo de preparación y una función particular en esta tierra. No todos comienzan al mismo tiempo ni todos tienen la misma asignación. El hecho de que alguien esté viviendo una etapa diferente no significa que Dios esté llegando tarde a la vida de otra persona.
Este pasaje enseña que el valor de una obra no se encuentra en su tamaño inicial ni en la velocidad con la que avanza, sino en la presencia de Dios respaldándola. Él conoce el propósito final de aquello que ha comenzado y es fiel para llevar adelante Su voluntad.
No se trata de avanzar más rápido que otros, sino de permanecer fieles al propósito encomendado, confiando en que Aquel que comenzó la buena obra tiene el poder para perfeccionarla.
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.