Zacarias 4:1-7 NTV
4 Entonces el ángel que había estado hablando conmigo volvió y me despertó, como si hubiera estado dormido.
2 —¿Qué ves ahora?—me preguntó.
—Veo un candelabro de oro macizo con un tazón de aceite encima—contesté—. Alrededor del tazón hay siete lámparas y cada una tiene siete conductos para las mechas. 3 También veo dos olivos, uno a cada lado del tazón.
4 Entonces le pregunté al ángel:
—¿Qué es todo esto, mi señor? ¿Qué significa?
5 —¿No lo sabes?—preguntó el ángel.
—No, mi señor—le contesté.
6 Entonces me dijo:—El Señor dice a Zorobabel: “No es por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales. 7 Nada impedirá el camino de Zorobabel, ni siquiera una montaña gigantesca, ¡pues se convertirá en llanura delante de él! Y cuando Zorobabel coloque la última piedra del templo en su lugar, la gente gritará: ‘¡Dios lo bendiga! ¡Dios lo bendiga!’[a]”.
Estimado lector
En esta visión, Zacarías contempla un candelabro de oro alimentado por aceite, mientras Dios revela una verdad poderosa: Su obra no se realiza mediante la fuerza humana, sino por medio de Su Espíritu. Zorobabel enfrentaba grandes desafíos en la reconstrucción del templo, pero el Señor le aseguró que ningún obstáculo sería mayor que Su poder.
Muchas veces, cuando Dios entrega una asignación, las personas reciben Su dirección con entusiasmo, creyendo que, por haber sido enviadas por Él, el camino será sencillo y libre de dificultades. Sin embargo, cuando aparecen los obstáculos, se tiende a cuestionar si realmente era la voluntad de Dios.
Este pasaje recuerda que las dificultades no siempre significan que Dios está cerrando una puerta. Si Él ha dado Su palabra y ha confirmado Su propósito, también dará la gracia necesaria para cumplirlo. Aunque Sus hijos sean los enviados a realizar la obra, es Dios quien los envía y quien sostiene el cumplimiento de Su voluntad.
En ocasiones, los obstáculos aparecen precisamente para que Su poder sea manifestado. Lo que parece imposible para las fuerzas humanas se convierte en el escenario donde Dios revela la grandeza de Su naturaleza divina. La promesa no garantiza un camino fácil, pero sí invita a confiar en Aquel que tiene el poder para cumplirla.
Cabe preguntarse si los obstáculos están siendo interpretados como una señal para rendirse o como una oportunidad para contemplar la gloria de Dios obrando en aquello que Él mismo encomendó.
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.