Esdras 1:7-11 NTV
7 El propio rey Ciro sacó los objetos que el rey Nabucodonosor se había llevado del templo del Señor en Jerusalén y había colocado en el templo de sus dioses. 8 Ciro le ordenó a Mitrídates, el tesorero de Persia, que contara esos artículos y se los entregara a Sesbasar, el líder de los desterrados que regresaban a Judá.[c] 9 La siguiente es una lista de los artículos que se devolvieron:
Tazones de oro 30
Tazones de plata: 1000
Recipientes de Plata para quemar incienso: 29
Copas de Oro 30
Copas de Plata 410
Otros artículos 1000
11 En total eran 5400 artículos de oro y de plata. Sesbasar los llevó todos consigo cuando los desterrados se fueron de Babilonia hacia Jerusalén.
Estimado lector
Cuando el rey Ciro ordenó el regreso de los desterrados, hizo algo que va más allá de un gesto político generoso: mandó devolver los utensilios del templo que Nabucodonosor había robado décadas atrás. Tazones de oro, copas de plata, recipientes para el incienso. Cinco mil cuatrocientos artículos en total, contados uno por uno y entregados con orden y precisión.
Ese inventario no es un detalle de contabilidad burocrática, es una declaración teológica. Y aquí hay una constante en el carácter de Dios, lo que el enemigo tomó por la fuerza, Dios lo recuperó sin perder ni uno solo artículo. Durante todos esos años estos elementos fueron guardados en el templo de los dioses babilonios. Sin embargo, esos objetos sagrados esperaban, sin saberlo, el momento en que Dios los reclamaría.
Y aquí hay algo que no debe pasarse por alto: Dios no solo restauró a su pueblo sino también lo que le pertenecía. El exilio no fue el fin de la historia de Israel sino un paréntesis dentro de un plan que nadie más podía ver. Cuando el momento llegó, nada faltaba, nada se había perdido, todo estaba contado. De la misma manera, Dios tiene contado a cada uno de sus hijos y cuida de ellos.
Lo que Dios consagra, no lo abandona. Su fidelidad no opera solo en lo grande, opera también en los detalles contados.
Hay algo que el enemigo te quitó y que has dejado de creer que Dios lo puede restaurar?
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.