EFESIOS 1:1-6 NTV
Saludos de Pablo
1 Yo, Pablo, elegido por la voluntad de Dios para ser apóstol de Cristo Jesús, escribo esta carta al pueblo santo de Dios en Éfeso, fieles seguidores de Cristo Jesús.
2 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les den gracia y paz.
Bendiciones espirituales
3 Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo.
4 Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos.
5 Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo.
6 De manera que alabamos a Dios por la abundante gracia que derramó sobre nosotros, los que pertenecemos a su Hijo amado.
Estimado lector
Pablo no comienza su carta con una lista de instrucciones. Comienza con una declaración de lo que Dios ya hizo. Antes de hablar de cómo debe vivir el creyente, le recuerda quién es y por qué.
Y lo primero que dice es desconcertante: Dios escogió a su pueblo antes de la fundación del mundo. No después de evaluar méritos, no como recompensa por buena conducta, antes de que hubiera mundo, antes de que hubiera historia, antes de que el creyente existiera. La elección no nació de lo que el hombre ofreció, sino de lo que Dios decidió en amor.
El propósito de esa elección tampoco es difuso: ser santos y sin mancha delante de Él. No es una meta inalcanzable, por el contrario es la dirección hacia la que apunta la gracia. Y el destino final de todo esto es la adopción como hijos, un lugar en la familia de Dios que nadie puede ganar por esfuerzo propio.
Todo termina donde debe terminar: en alabanza a Dios. No al creyente por haber elegido bien, sino a Dios por haber elegido primero.
¿Vives desde la seguridad de haber sido escogido, o todavía intentas ganarte un lugar que ya le fue dado?
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.