Josué 12:4-6
4 El rey Og, de Basán —el último de los refaítas— vivía en Astarot y Edrei. 5 Gobernaba un territorio que se extendía por el norte desde el monte Hermón hasta Salca, por el oriente a todo Basán y hacia el occidente hasta la frontera con los reinos de Gesur y Maaca. Ese territorio incluía la mitad norte de Galaad, tan lejos como la frontera con el rey Sehón, de Hesbón.
6 Moisés, siervo del Señor, y los israelitas habían destruido al pueblo del rey Sehón y al del rey Og. Moisés entregó esas tierras como posesión a la tribu de Rubén, a la tribu de Gad y a la media tribu de Manasés.
Estimado lector
En el Libro de Josué 12:4-6 se menciona la derrota de Og, rey de Basán, uno de los gigantes más temidos de la región. Aquel territorio parecía imposible de conquistar, pero Dios lo entregó en manos de Israel por medio de Moisés. La victoria no fue resultado de la capacidad militar del pueblo, sino del cumplimiento de la promesa divina. Lo que para los hombres era una tierra inaccesible, para Dios ya era una herencia preparada para sus hijos.
El pasaje resalta que Moisés dio aquellas tierras a las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés como posesión. Esto revela que Dios no solamente promete, sino que también establece legalmente la herencia de su pueblo. Cuando Dios entrega un territorio, ninguna fuerza enemiga puede invalidar Su decreto. Los gigantes, las murallas y los temores humanos no tienen autoridad sobre aquello que el Señor determinó conceder.
En la vida del creyente, existen promesas, llamados y bendiciones que Dios ya asignó. Muchas veces parecen lejanas o difíciles, pero el mismo Dios que venció a Og continúa abriendo caminos. La fe consiste en caminar en obediencia y tomar posesión espiritual de aquello que el Señor ya declaró como nuestra herencia.
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.