Josué 13:1-7 NTV
13 Cuando Josué ya era anciano, el Señor le dijo: «Estás envejeciendo y todavía queda mucha tierra por conquistar. 2 Aún faltan todas las regiones de los filisteos y de los gesureos, 3 y el territorio más extenso de los cananeos, el cual se extiende desde el arroyo de Sihor, en la frontera con Egipto, hasta los límites de Ecrón, al norte. Abarca el territorio de los cinco gobernantes filisteos de Gaza, Asdod, Ascalón, Gat y Ecrón. También falta por conquistar la tierra de los aveos, 4 al sur. En el norte, la siguiente área tampoco está conquistada aún: toda la tierra de los cananeos, incluso Mehara (lugar que pertenece a los sidonios), que se extiende al norte hasta Afec, en la frontera con los amorreos; 5 la tierra de los giblitas y toda la región de montañas del Líbano, que está hacia el oriente, desde Baal-gad, al pie del monte Hermón, hasta Lebo-hamat; 6 y toda la zona montañosa desde el Líbano hasta Misrefot-maim, incluida toda la tierra de los sidonios.
»Yo mismo iré expulsando a esos pueblos de la tierra del paso de los israelitas. Así que asegúrate de darle esta tierra a Israel como una preciada posesión, tal como te lo ordené. 7 Incluye todo este territorio como posesión de Israel cuando repartas la tierra entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés».
Estimado lector
Josué era anciano. Había peleado décadas de batallas, derrotado coaliciones, eliminado gigantes. Desde cualquier perspectiva humana, tenía razones suficientes para considerar su trabajo terminado. Pero Dios llegó con un inventario, y éste decía que todavía quedaba mucho territorio sin conquistar.
Lo primero que llama la atención es que Dios no lo reprochó. No llegó con señalamiento sino con instrucción. Le dijo a Josué: "Estás envejeciendo y todavía queda mucha tierra por conquistar", no como acusación, sino como orientación. Dios no abandona su propósito cuando sus siervos envejecen; lo ajusta con gracia y lo transfiere con claridad.
Lo segundo es teológicamente más profundo: Dios asumió personalmente lo que Josué ya no podría terminar. "Yo mismo iré expulsando a esos pueblos." La misión no dependía de la capacidad restante del líder — dependía de la fidelidad permanente de Dios. Josué no fracasó porque no terminó; cumplió porque hizo lo que le correspondía y confió el resto a quien nunca envejece.
Hay una palabra aquí para toda persona que siente que el tiempo se acorta y la tarea sigue siendo grande: Dios no mide el éxito por lo que el hombre terminó, sino por lo que obedeció.
¿Está usted angustiado por lo que no ha terminado, o confiando en que Dios continúa lo que usted comenzó en obediencia?
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.