Josué 22:19-20 NTV
“»Si necesitan el altar porque la tierra de ustedes es impura, entonces únanse a nosotros en la tierra del Señor, donde se encuentra el tabernáculo del Señor, y compartan nuestra tierra. Pero no se rebelen contra el Señor ni contra nosotros al construir un altar diferente del altar único y verdadero del Señor nuestro Dios. ¿Acaso no cayó el enojo divino sobre toda la comunidad de Israel cuando Acán, un miembro del clan de Zera, pecó al robar las cosas que habían sido apartadas para el Señor? Él no fue el único que murió a causa de su pecado.”
Estimado lector
Este pasaje muestra cómo el pueblo de Israel estaba tratando de proteger la fidelidad al Señor y la unidad de la comunidad. Ellos no querían que las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés levantaran un altar diferente al altar del Señor, porque eso podía parecer una señal de rebeldía. También les ofrecieron compartir la tierra donde estaba el tabernáculo, si el problema era que su tierra era considerada impura. Esto demuestra que no solo estaban confrontando, sino que también estaban buscando una solución. La mención de Acán recuerda que el pecado de una persona puede traer consecuencias para muchos. Israel ya había vivido el dolor de la desobediencia y no quería repetirlo. Este texto enseña que la obediencia a Dios debe cuidarse con seriedad, porque la infidelidad espiritual puede afectar no solo a quien la comete, sino también a toda la comunidad.
Se debe entender que la obediencia a Dios también implica responsabilidad con los demás. Las decisiones personales pueden traer consecuencias espirituales y comunitarias. Por eso, es importante buscar soluciones con amor, corregir con prudencia y cuidar que nada tome el lugar que solo le pertenece al Señor.
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.