Josué 4:1–7 (NTV)
1 Cuando todo el pueblo terminó de cruzar el río Jordán, el Señor le dijo a Josué:
2 «Ahora elige a doce hombres, uno por cada tribu de Israel. 3 Diles que tomen doce piedras del medio del Jordán, del lugar donde están parados los sacerdotes, y que las lleven al campamento donde pasarán la noche».
4 Entonces Josué llamó a los doce hombres que había escogido, uno por cada tribu de Israel. 5 Les dijo: «Vayan al medio del Jordán, delante del arca del Señor su Dios. Cada uno debe tomar una piedra y cargarla al hombro. Son doce piedras en total, una por cada tribu de Israel. 6 Las usaremos para levantar un monumento conmemorativo en el futuro. Cuando sus hijos pregunten: “¿Qué significan estas piedras?”
7 ustedes podrán decirles: “Nos recuerdan que el río Jordán dejó de fluir cuando el arca del pacto del Señor pasó por allí” Estas piedras quedarán como un recordatorio permanente para el pueblo de Israel».
Estimado lector
La narrativa bíblica de hoy se sitúa en un momento crucial para el Pueblo de Israel, tras
cuarenta años en el desierto se encontraban al borde de su destino, la tierra que manaba leche y miel, la heredad profetizada a Abraham, Isaac y Jacob. Sin embargo, entre la promesa y su posesión se erigía un obstáculo: el río Jordán. La fe se convirtió en acción cuando siguiendo las instrucciones de Dios, los sacerdotes avanzaron con el arca del pacto; las aguas se detuvieron, y la nación toda cruzó en tierra seca.
Una vez al otro lado, Dios instruyó a Josué a seleccionar doce hombres que tomarian doce piedras para erigir un monumento. Este acto fue un potente recordatorio, una forma de contar una historia, de cómo Dios abrió un camino imposible para que su pueblo alcanzara su destino profetizado a lo largo de generaciones.
De esta manera, la fe de la nueva generación de Israelitas se basaría en la memoria viva de la intervención divina, de lo sobrenatural de Dios.
Al igual que el Pueblo de Israel, siempre en el camino de cada hombre y de cada mujer se presentarán desafíos,"Jordanes" personales. Recordar activamente todas las veces que Dios ha obrado de forma sobrenatural, fortalece la fe personal y permite transmitir
esperanza y un legado de confianza a otros.
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.